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martes, 7 de abril de 2015

Incidentes de una familia disfuncional

1
Cuando la madre le pide a la hija llenar el plato de mole al padre, la hija, molesta de esta repetitiva escena; no hace más que enfurecerse sutilmente, tomar la cazuela de barro por ambas orejas y azotarla fuertemente contra el cráneo cano de su padre. Quedando lleno de mole, el padre y el plato.


2
No era llanto, ni siquiera lloriqueo. Lo que emanaba de aquel bebé era toda una erupción grotesca, lágrimas sí pero también mocos, saliva, sudor, pataleos y gritos. Un acto tan insoportable como el más. El tío, que pretendía estudiar para un examen -de ya ni sabe qué-, anhelaba el silencio. Levanta la cabeza, voltea a todas partes, busca una solución y la encuentra, una taza grande de porcelana fina. La levanta por encima de su cabeza y ¡paf!, la deja caer sobre la boca del bebé. No más ruido. Puede estudiar.


3

¡Comete esa sopa! Solía decir la abuela regañona a sus nietos. Hasta que uno, cansado del mal sabor de la sopa y del fastidio de la abuela, decidió meterle a ella toda la sopa de un solo golpe. Para mala suerte de la abuela, con todo y plato. Para buena suerte del plato, la abuela ya no tenía dientes. Para mala suerte del nieto, lo vio su madre. Para buena suerte de todos, comamos lo que haya.

domingo, 15 de febrero de 2015

Familias dependientes

En nuestro país, México, se viven diversas dinámicas sociales, por lo general muy arraigadas y difíciles de disolver. Desde el poco presumible machismo hasta la discriminación de lo propio, sin dejar de lado la servidumbre voluntaria. No está de más señalar que estas y otras dinámicas deben ser disueltas con extrema urgencia.

Otra de estas dinámicas del mexicano -que afortunadamente viene perdiendo fuerza, aunque a pasos lentos- es la estructura patriarcal de la familia, es decir, es el padre el responsable de llevar el sustento económico a casa u tomar las decisiones que a su juicio guíen a su familia (subordinados). La madre suele quedarse en casa para hacer las interminables labores domésticas, por su parte los hijos son enviados a la escuela con la intención de obtener un grado académico que le permita acceder a una vida laboral estable. Sin embargo, existen ocasiones donde la ruptura de la dinámica poco sana resulta aún peor; por ejemplo, que alguno de los miembros o el grueso de la familia, no sea capaz de cumplir con sus obligaciones y les exija las propias en grado excesivo a otro miembro. Es decir, puede darse el caso en que el esfuerzo de un familiar sea razón para mantener al resto puesto que se nieguen a realizar los esfuerzos que les corresponden.

Las familias que cuentan con un miembro "intelectual", lo que quiera que ello signifique, no están exentas de estos males. A pesar que los valores económicos suelen no corresponder con los valores intelectuales, sí es gratamente vivencial que el esfuerzo intelectual sea reconocido con el valor económico. Han existido desde hace algunos años a la fecha, gente que comenzó a desarrollar una actividad intelectual, ya literatura, ya cine y demás, con la que se pudo forjar un patrimonio. El problema surgió cuando las familias vieron en ello la oportunidad de una manutención infinita. Dejaron de esforzarse desde y para sí mismos con el pretexto de serles suficiente el ingreso de aquel otro. Cuando -hay que resaltar- esos esfuerzos fueron realizados no con la intención de lucrar. Así pues, tenemos los ejemplos cercanos de los herederos de Juan Rulfo, José Luis Cuevas y recientemente, Sergio Pitol.

Es una lástima que el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo que se entrega en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ahora tenga el alias[i] de Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances; es una lástima que la familia de Sergio Pitol, ofenda a tan pródigo escritor al señalar que sus facultades mentales están mermadas cuando el señor aún domina temas tan diversos como la política rusa[ii]. La comunidad intelectual encabezada por la elegante escritora Margo Glantz, ha salido en defensa de quien también es uno de nuestros traductores más perspicuos. Defensa que él por sí mismo puede solventar pero cuya solidaridad siempre agradecerá el espíritu intelectual.



[i] Como señaló con justicia el comprometido Fernando del Paso
[ii] A juzgar por la charla entablada con el vigoroso Juan Villoro

miércoles, 28 de enero de 2015

Cuando ví a José Emilio Pacheco y no le pedí su autógrafo

Luego de desayunar lentamente unos chilaquiles picosos y un café sin azúcar, me dirigí a la Facultad de Filosofía y Letras. Escuela en la que cursaba los últimos semestres de mi licenciatura, aunque ahora que recuerdo, yo ya había entregado mis trabajos finales y presentado los exámenes también finales.

El pretexto por el que llegué ese día no fue otro que el de estar junto a mi querida novia, una estudiante de pedagogía que no tuve a bien encontrarla en la Facultad. Al no haber reparado en la hora, no consideré que en esos momentos estaba a unos cientos de metros dentro del mismo campus universitario estudiando su amado idioma alemán. Idioma sumamente complejo y tortuoso que por alguna razón que hasta entonces yo no alcanzaba a vislumbrar, a ella complacía. Así que redireccioné mi ruta en busca de mi amor por lo que me dirigí al Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras. Ahora sí, revisé la hora y anoté que eran pocos minutos los que me separaban de estrechar al amor.

Por lo pronto, compré un pan de ajo para compartir con mi chica. Salió y me abrazó, le compartí del pan pero no le agradó por su fuerte sabor pero sobre todo, olor. Sin más, nos dirigimos a Las Islas -sitio amplio con un pasto verde que se difumina a café por el paso del tiempo y por los densos pasos de los estudiantes-, charlamos un largo tiempo sobre temas varios. Desde nuestras inquietudes intelectuales hasta recordatorios de nuestro amor; sin dejar de lado, claro, como a ella le encantaba, la lectura de un pasaje literario. En esta ocasión fue Juan José Arreola con su Bestiario.

El tiempo suspendido con ella dejó de serlo cuando vi a un perro con mucha decisión, acercarse. Mis fobias relucieron pues cuando la distancia era escasa, yo sólo me aventé boca abajo contra el pasto. Ella al estar de espaldas al perro, no se percató. Segundos después de mi acto circense, escuché su tierna risa. Había pasado que mientras yo me protegía por el irracional miedo que le tengo a los perros, este que se nos aproximó con decisión, sólo quería externar su afecto. Tuvo el arrojo de lamer un costado del rostro de mi chica, produciendo una risa en ella puesto que es una sensata mujer que empata con los animales. Su concepción de ellos raya en la fraternidad. Este singular evento nos hizo dar cuenta que era hora para ella de ir a clase y para mí, de salir rumbo a la Biblioteca José Vasconcelos. Le había comentado días atrás que fuéramos pero no podía escapar a dicha clase por ser cierre de curso. Tuvimos que separarnos.

Ya en el Metro fui releyendo y releyendo un poemario de José Emilio Pacheco, iba a una presentación de libro y quería ser un digno público para él. El libro tenía la peculiaridad de estar dirigido a un lector infantil, por lo que al llegar a la Biblioteca vi largas filas de infantes procedentes de varias escuelas -a juzgar por sus vestimentas-.

-¡Rayos!- me dije, pues el desagüe que mi cuerpo demanda, se hacía patente aquí y ahora. Perderé la oportunidad de sentarme en la parte baja del auditorio. Tuve que dirigirme al sanitario, lo hice lo más rápido que pude. Tras salir con las manos aún mojadas por lavarmelas, vi pasar una figura reacia y encorvada rodeada de los organizadores del evento, pocos en realidad. Pero aunque hubiesen sido centenares, la figura de José Emilio Pacheco era capaz de sobreponerse. Curiosamente no por egolatría o un físico descomunal, al contrario, por unas sinceras humildad y sencillez. Fueron metros, quizá centímetros los que me separaron de una de las figuras más preciadas para mí en el universo de las letras. Instantáneamente subí mi poemario a la altura de mi pecho y saqué un bolígrafo del bolso de mi camisa. La intención era pedir un autógrafo a tan descomunal figura; sin embargo, lo que hice enseguida fue seguir contemplando la sencillez de un hombre que sabe que el resto consideramos grande pero que no pierde el sentido de su existencia y se considera tan común y silvestre como cualquier otro.

Una vez perdida la oportunidad de obtener su firma en mi libro, me adentré en el auditorio de la Biblioteca.


Los viejos protocolos de la presentación de un libro fueron saltados -aunque sí hubo una amena charla de Pacheco sobre el origen y destino del libro en cuestión-, en algún momento se presentó un grupo escénico que declamó con jovialidad uno de los poemas incluidos en el libro. El poema cerraba con la repetición de un verso que los niños comprendieron bien y se apropiaron, pues cuando el grupo escénico calló tras repetir el verso, los niños lo repitieron al unisono con mucho entusiasmo. Ello hizo retumbar el auditorio produciendo en José Emilio Pacheco una sonrisa de sorpresa que inmediatamente se convirtió en una risa contagiosa y aplausos a los propios niños. En fin que el autor agradeció a su público haberse apropiado de uno de sus poemas.

jueves, 19 de abril de 2012

Lo que hay que decir - Günter Grass

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.


Traducción de Miguel Sáenz.
El texto original en alemán se publicó en el diario Süddeutsche Zeitung.

martes, 28 de diciembre de 2010

Hans Christian Andersen - Den lille Pige med Svovlstikkerne

la cerillera
la pequeña cerillera
la niña de los fósforos
la pequeña vendedora de fósforos

martes, 10 de agosto de 2010

La derecha medieval no sabe con qué celebrar este falso Bicentenario

Tepoztlá. Entrevista con Clarin.cl
Mario Casasús. 01.08.2010
Eduardo del Río (Rius)



MC.- ¿Por qué bautizó su libro: 2010 Ni independencia ni revolución?, ¿era demasiado optimismo llamarlo “Bicentenario para principiantes”?

ER.-Bueno, el título es para justificar el contenido. Traté de llevar varios hilos conductores a lo largo del libro, lo que se volvió un enredijo a la mera hora. Traté de hacer ver que mientras no resolvamos el añejo problema indígena, este país no va a cambiar, ni a mejorar. Otro hilito fue demostrar que ni somos independientes (sería un chiste cruel sostener lo contrario), ni se ha hecho una Revolución digna de ser festejada. Nuestra “Revolufia” duró sólo un sexenio con el General Lázaro Cárdenas, y después se volvió “Robolución”, y hasta la fecha en eso anda la cosa.

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MC.-En diciembre de 1985 “El Metiche” publicó una entrevista con “Rius”, por supuesto hablaron del Mundial de Fútbol México 86; ¿qué opina del “gran evento del Bicentenario”, el partido México vs. España?, ¿qué tipo de conmemoraciones organizó la derecha para una efeméride que le era indiferente?

ER.- No sabía que un partido de fútbol fuera parte de las celebraciones. Eso nos da la medida exacta del pensamiento de nuestra derecha medieval, que no sabe con qué cara celebrar este falso Bicentenario, excepto con eventos macabros como llevar las calaveras de los héroes a no sé dónde ni para qué, o a hacer fiestas de oropel para satisfacer a nuestro globero y fiestero pueblo, que celebra hasta un empate con Haití o las Islas Caimán. Aunque también los gobernantes que se dicen de izquierda, no han pensado nada diferente de fiestas aparentes y monumentos nuevos que no nos sirven ni para un carajo. En la derecha mexicana no tienen ni asomo de vergüenza, tras haber sido los que mataron y vejaron a Hidalgo y Morelos, los que asesinaron tanto a Madero como a Villa, Zapata y Flores Magón, que el PAN esté encabezando unos festejos carísimos y sin ningún provecho para nadie, excepto, claro, para los organizadores y sus cuates escritores, músicos, pintores y escultores. No creo, pues, que haya nada para celebrar.

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MC.- El Bicentenario se conmemora en –casi- toda Latinoamérica, la principal tesis de su libro es la persistente injusticia, violaciones y saqueos que han sufrido los pueblos originarios, incluso cita a dos presidentes de México que renegaban su raíz indígena (Benito Juárez y Porfirio Díaz). ¿Cuándo se terminará el racismo en el continente?, ¿qué representa Evo Morales para Latinoamérica?

ER.- Estos festejos no están calculados para combatir y menos acabar con el racismo. Eso sigue viento en popa. Los organizadores de los grandes festejos son empresarios extranjeros, gringos y franceses sobre todo. Los indios no tienen nada que hacer en las celebraciones. Todavía si se les dieran pases para visitar los museos donde están las preciosísimas obras de arte de sus antepasados, o los dejaran entrar gratis a Teotihuacan, Palenque o Chichen Itzá... ¡Pero ni eso! O que declararan una amnistía general para todos los presos políticos, la mitad de los cuales son indios inocentes. Bueno, soñar no cuesta nada.

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Lo de Evo Morales en Bolivia es la excepción que confirma la regla, en un continente donde los dueños les siguen pagando renta a los invasores de sus tierras. Vuelvo a uno de los hilitos del libro: tenemos que hacerle justicia a los indios o no tenemos ya esperanza como país. Siempre nos han gobernado los enemigos del indio, los conquistadores. Yo no concibo un pueblo que siga sometido a los curas que destruyeron su cultura y su religión. Pero así es la cosa: somos cristianos y guadalupanos. Ya se nos olvidó la Conquista y el Virreinato, y esperamos un milagro de la Virgen de Guadalupe -y de sus otras 657 denominaciones- para llegar a la Independencia y la Democracia.

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MC.- El 11 de septiembre de 1973 recibió un telegrama con la invitación del gobierno de Salvador Allende para viajar a Santiago de Chile; tengo la impresión de que usted, después de la amarga experiencia dictatorial sudamericana no quiso conocer Buenos Aires, Montevideo, La Paz o Santiago, ¿estoy equivocado?

ER.-Lo que me llegó ese 11 de septiembre fue una carta del Perro Olivares -creo que era el secretario de Allende o algo por el estilo- invitándome a Chile. Años después, tras el NO a Pinochet, me animé a ir a Chile invitado por la Universidad Católica para participar en un Encuentro de Historieta, donde pude conocer a mis colegas chilenos, Hervi entre otros, que se fajaron haciendo cartones delante de Pinochet.

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MC.- En más de 125 libros de humor gráfico, ha publicado temas de filosofía, política, historia, ecología, sexología, gastronomía, etcétera; sin embargo no conozco un libro de usted sobre los escritores que admira, a excepción de una historieta en homenaje a “Cien años de soledad” (Proceso, 2007). ¿Por qué no ha dibujado la biografía de ningún escritor?

ER.- El tema de escritores no me entusiasma demasiado para hacer un libro. Participé con mucho gusto en el homenaje de Proceso al Gabo y sus Cien años de soledad, sufriendo bastante porque el tema era difícil. La prueba es que fui el único que hizo una historieta sobre Macondo, mientras los demás se concretaron al cartón clásico. Sin embargo, mi último libro viene a ser una biografía ilustrada con los trabajos de un gran ilustrador del exilio español, José Narro Celorio, prácticamente desconocido en México y más conocido en España. Es un libro serio sin monos míos, que no sé qué recepción tenga entre mis lectores. Pero bueno, yo quiero hacer un homenaje a un dibujante y tratar de subsanar la injusticia que se estaba cometiendo con él.

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MC.- ¿Cuál es el criterio al compilar sus Obras Completas?, ¿por qué ha excluido libros como "Ya te vimos Pinochet"?, ¿es una decisión de sus editores?

ER.- Bueno, el criterio que están usando los editores en lo que se pueden medio llamar mis Obras Completas, es incluir sólo los libros editados por Grijalbo. El de Ya te vimos Pinochet (1974) y otros, no aparecerán en esa colección. Habría que hacer otro con los títulos que no fueron grijalbosos o como se diga.

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MC.- La Editorial RM ha publicado el catálogo de libros de arte con mayor prestigio de Iberoamérica; el pasado 3 de junio presentó el libro homónimo de la exposición: “De San Garabato al Callejón del Cuajo”; ¿qué piensa al ver las acuarelas de Rius en un museo y formar parte del canon del libro de arte?

ER.- Mi trabajo no es para libros de arte. Lo del Museo del Estanquillo sólo fue el catálogo de la exposición: "De San Garabato al Callejón del Cuajo", donde se colaron algunas acuarelas y un seudo-mural. Está por salir un libro que comprende todas las "Casas de Citas" que he hecho para El Chamuco, en las que se puede "admirar" diseños gráficos y collages medio artísticos. En el mejor de los casos, sí consideraría "libros de arte" a los de collage que he hecho: "Con perdón de Doré" y "La mamá del Quijote", que son menos conocidos que otros de mis títulos.

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MC.- Han sido meses difíciles, murieron sus queridos amigos Carlos Monsiváis y Gabriel Vargas; ¿cuál es el aporte de “La familia Burrón” a la gráfica popular?, ¿y el papel de Monsiváis en la revaloración de la caricatura e historieta?

ER.- Pues sí, este año se nos han ido grandes amigos y admirados escritores, como Monsi, Gabriel Vargas, José Saramago, Carlos Montemayor y otros menos conocidos. Pero todos los años pasa lo mismo. Claro, hay que reconocer que lo que hizo Gabriel Vargas por la historieta mexicana, y lo que hizo Monsiváis por la cultura mexicana, no va a tener competencia. Nadie va a repetir la obra de los dos y menos ahora que se avecina -gulp- el fin de nuestra o vuestra civilización.

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MC.- ¿Cuál fue el motivo de su reciente expedición a Oaxaca?, ¿festejar los 70 años del pintor Francisco Toledo?, ¿le gustaría montar una exposición con él?

ER.- Yo considero con múltiples fundamentos que Oaxaca es lo mejor de México, y es el estado donde más se siente uno en el México profundo. Me fui con la familia a gozar de la Guelaguetza y ver a Toledo si se pudiera. No se pudo y ni modo. Yo a Toledo lo quiero un chingo, por todo lo que ha hecho por Oaxaca. Hasta me hizo la portada del “Mito Guadalupano” sin cobrarme... ¿Participar en una exposición junto con Toledo ? No me siento capaz ni de imaginármelo. Él es un maestro.

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MC.- Finalmente, nació en la provincia de Michoacán, se mudó a México DF, pero hizo de tierras zapatistas su residencia definitiva; ¿cuál ha sido la mejor experiencia de su estancia en Cuernavaca y Tepoztlán?, ¿qué personajes recuerda de sus años en Morelos, desde Sergio Méndez Arceo a María Rosas?

ER.- A resultas del secuestro que hizo con mi persona el H. Ejército Nacional en 1969, como colita del 68, me ví obligado por órdenes médicas a salir del DF, y lo que me quedaba más cerca y disponible fue Cuernavaca, que no me gusta mucho que digamos. Ya cuando se echó a perder más de lo que estaba, emigré a Tepoztlán, que me gusta mucho, pero que ya empieza a dar señales de decadencia "progresista" por el número de coches que alberga en sus callecitas sin banquetas. Y cuando se eche a perder del todo, tendré que pensar a dónde huir, a algún pueblito en las faldas de “don Goyo Popocatepetl” seguramente. Pero no debo quejarme, pues acá tuve la suerte y el gusto de conocer a Méndez Arceo y trabajar con él, lo mismo que con Iván Illich, María Rosas y otros y otras no-morelenses, pero buenos cuates, a los que no les importa haber nacido o no por estas latitudes. Total: finalmente todos somos seres humanos y a la chingada.


jueves, 18 de febrero de 2010

Salvador Allende, discurso ante el golpe militar de Augusto Pinochet

Descarga aquí el audio allende_último discurso


Santiago de Chile
11 de septiembre de 1973

7:55 A.M. Radio Corporación

Habla el presidente de la República desde el Palacio de La Moneda. Informaciones confirmadas señalan que un sector de la marinería habría aislado Valparaíso y que la ciudad estaría ocupada, lo que significa un levantamiento contra el Gobierno, del Gobierno legítimamente constituido, del Gobierno que está amparado por la ley y la voluntad del ciudadano.

En estas circunstancias, llamo a todos los trabajadores. Que ocupen sus puestos de trabajo, que concurran a sus fábricas, que mantengan la calma y serenidad. Hasta este momento en Santiago no se ha producido ningún movimiento extraordinario de tropas y, según me ha informado el jefe de la Guarnición, Santiago estaría acuartelado y normal.

En todo caso yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo al Gobierno que represento por voluntad del pueblo. Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones. Como primera etapa tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva, de los soldados de la Patria, que han jurado defender el régimen establecido que es la expresión de la voluntad ciudadana, y que cumplirán con la doctrina que prestigió a Chile y le prestigia el profesionalismo de las Fuerzas Armadas. En estas circunstancias, tengo la certeza de que los soldados sabrán cumplir con su obligación. De todas maneras, el pueblo y los trabajadores, fundamentalmente, deben estar movilizados activamente, pero en sus sitios de trabajo, escuchando el llamado que pueda hacerle y las instrucciones que les dé el compañero presidente de la República.

8:15 A.M.

Trabajadores de Chile:

Les habla el presidente de la República. Las noticias que tenemos hasta estos instantes nos revelan la existencia de una insurrección de la Marina en la Provincia de Valparaíso. He ordenado que las tropas del Ejército se dirijan a Valparaíso para sofocar este intento golpista. Deben esperar la instrucciones que emanan de la Presidencia. Tengan la seguridad de que el Presidente permanecerá en el Palacio de La Moneda defendiendo el Gobierno de los Trabajadores. Tengan la certeza que haré respetar la voluntad del pueblo que me entregara el mando de la nación hasta el 4 de Noviembre de 1976. Deben permanecer atentos en sus sitios de trabajo a la espera de mis informaciones. Las fuerzas leales respetando el juramento hecho a las autoridades, junto a los trabajadores organizados, aplastarán el golpe fascista que amenaza a la Patria.

8:45 A.M.

Compañeros que me escuchan:

La situación es crítica, hacemos frente a un golpe de Estado en que participan la mayoría de las Fuerzas Armadas. En esta hora aciaga quiero recordarles algunas de mis palabras dichas el año 1971, se las digo con calma, con absoluta tranquilidad, yo no tengo pasta de apóstol ni de mesías. No tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea que el pueblo me ha dado. Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer la voluntad mayoritaria de Chile; sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás. Que lo sepan, que lo oigan, que se lo graben profundamente: dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera, defenderé esta revolución chilena y defenderé el Gobierno porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No tengo otra alternativa. Sólo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo. Si me asesinan, el pueblo seguirá su ruta, seguirá el camino con la diferencia quizás que las cosas serán mucho más duras, mucho más violentas, porque será una lección objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene ante nada. Yo tenía contabilizada esta posibilidad, no la ofrezco ni la facilito. El proceso social no va a desaparecer porque desaparece un dirigente. Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse. Compañeros, permanezcan atentos a las informaciones en sus sitios de trabajo, que el compañero Presidente no abandonará a su pueblo ni su sitio de trabajo. Permaneceré aquí en La Moneda inclusive a costa de mi propia vida.

9:03 A.M. Radio Magallanes

En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por mandato conciente de un Presidente que tiene la dignidad del cargo entregado por su pueblo en elecciones libres y democráticas. En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la Patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.

Pagaré con mi vida la defensa de los principios que son caros a esta Patria. Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltando a su palabra... rota la doctrina de las Fuerzas Armadas.

El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni debe dejarse masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor.

(inicio del audio) 9:10 A.M.

Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

domingo, 30 de agosto de 2009

confesión melancólica




a Juan José Arreola

Yo, señores, soy de México, D.F. La ciudad más grande del mundo que la hemos hecho también ya la más caótica. Pero nosotros hemos logrado adaptarnos a cualquier situación. No importa que con ligeras lluvias existan zonas inundadas, o que el metro cada vez funcione peor, cierto es también que la gente en la desgracia se une –sólo en la desgracia–. Desde no sé cuando la gente empezó ha deforestar y ha contaminar indiscriminadamente este lugar. También ha poblar las banquetas, por diferentes motivos, menciono dos: el comercio ambulante y la caminata, sí la caminata. Y es que aunque sólo sean tres personas ocupan toda la banqueta como si nadie más fuera a pasar por ahí, otros, salen con sus perros y obstruyen el paso –cuando menos a mí que me dan tanto miedo esos animales y termino por darles la vuelta–. Cuando el sol se mete –por que así decimos por acá– se enciende la otra luz, la artificial, que no deja para nada, contemplar las estrellas. Ya nos las observo. Dan ganas, pues, de salir de este enorme laberinto sobrepoblado y refugiarse en la soledad. Pero cierto es que cuando no se esta aquí, se le extraña. La adaptación a ese medio la has conseguido y ahora es parte tuya. Atraídos somos por la majestuosidad del caos.

Pertenezco por esto al género pesimista. Soy un hombre que siempre busca criticar. Muchas veces aunque me encuentre con cosas que no me perjudican me arrojo hacia ellas con las peores intenciones. No quiero morir sin haber intentado un cambio en la humanidad con mis acciones. Cambio de actitud, en la forma de ser en y con el mundo. Me irrita profundamente que la gente sea egocéntrica, autoritaria e intolerante, que crea que su opinión es la más correcta. Que no sea capaz de asumir un juicio lo más objetivo posible. Que no haga algo. Que sea un algo. Que no despierte. En fin, que viva enajenada. Ese soy yo, misántropo pero también en algún sentido huraño.