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martes, 7 de abril de 2015

Incidentes de una familia disfuncional

1
Cuando la madre le pide a la hija llenar el plato de mole al padre, la hija, molesta de esta repetitiva escena; no hace más que enfurecerse sutilmente, tomar la cazuela de barro por ambas orejas y azotarla fuertemente contra el cráneo cano de su padre. Quedando lleno de mole, el padre y el plato.


2
No era llanto, ni siquiera lloriqueo. Lo que emanaba de aquel bebé era toda una erupción grotesca, lágrimas sí pero también mocos, saliva, sudor, pataleos y gritos. Un acto tan insoportable como el más. El tío, que pretendía estudiar para un examen -de ya ni sabe qué-, anhelaba el silencio. Levanta la cabeza, voltea a todas partes, busca una solución y la encuentra, una taza grande de porcelana fina. La levanta por encima de su cabeza y ¡paf!, la deja caer sobre la boca del bebé. No más ruido. Puede estudiar.


3

¡Comete esa sopa! Solía decir la abuela regañona a sus nietos. Hasta que uno, cansado del mal sabor de la sopa y del fastidio de la abuela, decidió meterle a ella toda la sopa de un solo golpe. Para mala suerte de la abuela, con todo y plato. Para buena suerte del plato, la abuela ya no tenía dientes. Para mala suerte del nieto, lo vio su madre. Para buena suerte de todos, comamos lo que haya.